Basilicio Saravia
 


 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

BASILICIO SARAVIA nace un 2 de marzo de 1853,siendo el segundo hijo del matrimonio de Francisco Saraavia Caneda y Doña Propicia Da Rosa. De muchacho fue uno de los más tranquilos y sosegados lo que marcó siempre la disposición de sus padres para que colaborase con los cuidados y actividades de la familia y el hogar. Al punto que aún muy joven su padre lo habilitó con una casa de comercio, estableciéndose en la zona de Cañada Grande.
Era un hombre corpulento de frente despejada y mirada serena, con los años fue ganando peso hasta llegar a los 120 kilos. Fue un hombre de carácter muy ponderado y abierto a escuchar las razones de los demás, su relación con Gumersindo, Aparicio y José fue muy estrecha y pese a que con Aparicio por ser de un carácter más explosivo fue con el que tuvo mayores desencuentros igual se sentía unido a el por profundos lazos de sangre.
Vestía comúnmente de traje, o de impecable uniforme militar por sus actividades políticas, pero cuando se trataba de las faenas rurales era un paisano más.
Siempre fue un hombre preocupado en las cuestiones económicas de la familia, tal es así que en ese aspecto era la persona de confianza de su padre, Don Chico. A tal punto que cuando Gumersindo le pide que lo acompañe a participar de la Revolución Federalista en Brasil, Don Chico se opone, porque lo necesitaba allí y sugiere que el que lo debe acompañar es Aparicio.
Fue sin duda alguna el mas ilustrados en números y cuestiones comerciales de la familia, si bien es cierto que Aparicio y Gumersindo concurrieron a colegios de la capital. La circunstancia de haber sido Basilicio comerciante por dos veces, lo familiarizó con un conjunto de circunstancias que aumentaron sus conocimientos. Su letra era menuda, pareja, y bien perfilada, sin características de trazos bruscos e ilegibles, con muy contados errores, siendo lógico en sus deducciones y pensamientos. En la serie de cartas que se posee de él, se muestra tal como fue: bien intencionado, sincero y leal, hombre correcto derecho en toda la extensión de la palabra. Poseía un corazón capaz de sentir y emocionarse como un niño y era amable y sencilla en su trato, sin pedanterías ni soberbia, a pesar de su enorme riqueza y de su influencia militar y política.
Comenzó a servir al Partido Colorado a los 17 años, figurando como soldado del general Gregorio Suarez en 1870, contra las huestes que acaudillo el general Timoteo Aparicio. En esa campaña recibió una herida de consideración, pues el proyectil proveniente de un arma de fuego, penetró a la altura del codo izquierdo corriéndose por el hueso hasta incrustarse en el hombro. Hubo necesidad de verificarle una operación dolorosa, sin anestesia, para extraerle la bala, y convaleciente aún volvió de nuevo a filas y continuó la campaña hasta su fin.
En Paz era el primer pacifista, pero en la guerra se sentía atraído hacia ella de un modo irresistible. Explicaba a su modo esta característica de su temperamento, diciendo: " no sé que tengo que me llama a la pelea" y al hacerlo ponía su mano sobre el corazón. Al concluir la guerra de 1897, el gobierno de la República le liquido sus haberes como Cnel. de División y él guardo lo recibido a los efectos de destinarlo a la compra de una imprenta, a fin de editar un periódico colorado en Treinta y Tres. Su fortuna personal era realmente cuantiosa. Acrecentó de un modo extraordinario el patrimonio que recibió en herencia de sus padres y gracias a su fuerza de voluntad puesta al servicio de su espíritu emprendedor y a sus hábitos ordenados. La estancia en que residía Corrales del Parao, 14.000 cuadras. La otra estancia, sobre el arroyo Leoncho de 7.400 cuadras de campo y además tenía una serie de lotes de campo mas hasta completar las 40.000 cuadras pobladas de ganado. Basilio como todos los demás hermanos jugaba extraordinariamente bien al solo y al monte habiendo heredado la costumbre de jugar a las cartas de su padre Don Chico, que era un verdadero maestro.
Después de la campaña de 1897, Basilicio se convirtió en la más fuerte columna del Partido Colorado en la zona Este de la República, en la que cien cien leguas de frontera se hallaban bajo dominación de los blancos. Su prestigio personal, semejaba una constelación aislada en medio de la dilatada blancura política del cielo que lo rodeaba por todos lados: Abelardo Márquez gobernaba en Rivera, Enrique Yarza en Cerro Largo y Bernardo Berro en Treinta y Tres, coroneles jefes de división, y lugartenientes de Aparicio, y fuera y por encima de ellos, la omnipotente voluntad de este.
Basilicio en su estancia de Corrales del Parao, de 14.000 cuadras de extensión, se dedicó por ese tiempo al cuidado de sus cuantiosos intereses y los de su gran familia, sin descuidar la política, manteniendo vivo el sentimiento partidario, junto con la acción de su hermano José que lo secundaba en sus trabajos. Cuando el general Muñiz, se vio solo, y abandonado de los blancos que lo habían acompañado en la campaña de 1897, arrastrados hacia la zona de influencia de Aparicio, Basilicio le fue siempre fiel.
Basilicio perdido y aislado en medio de aquellos dilatados dominios, donde reinaban todopoderosos los blancos saravistas, era la esperanza, el astro de primera magnitud que irradiaba su luz, para los colorados de Treinta y Tres, Cerro Largo y Rivera y que, durante la influencia de Aparicio, llevaron una existencia silenciosa y solitaria.
Merece una mención aparte su relación con Aparicio al que siempre encontró muy impulsivo y con él que gastaba continuas bromas, reproches y un fuerte sentimiento de fraternidad. Con este siempre tuvo una relación muy especial donde pese a los reproches mutuos que se hacían por sus posiciones políticas, se estimaban fraternalmente y se tenían muchísimo respeto. El 12 de julio de 1897, durante el armisticio que siguió a la batalla de Aceguà, fue la última vez sido la última vez que se volvieron a ver. La preocupación que domino a Basilicio en sus últimos tiempos, fue el porvenir de sus numerosos hijos. Ciriaco lo acompaño en toda la guerra de 1904, siendo teniente de caballería. Basilicio fue el más plantador de árboles de todos los Saravia. Sus dos establecimientos de campo estaban convertidos en un verdadero eden paradisiaco, pues contaban con extensas plantaciones de eucaliptos, mimbres, sauces y montes frutales de membrillos, naranjos, limones y peras. En 1870 sirviendo Basilicio a las órdenes del Gral. Goyo Suarez, en una tregua que siguió a un combate con Timoteo Aparicio, se entrevistó con su hermano Gumersindo, que era oficial de la División Cerro largo a las órdenes de Ángel Muñiz. La historia se repitió 27 años después en la entrevista que tuvo lugar con Aparicio, en el armisticio que siguió a la batalla de Acegua. El detalle físico de los Saravia fue la frente alta, ancha, espaciosa. Basilicio al igual que Gumersindo eran más altos que los demás y tal vez de temperamento más parecido, tal vez por ser los mayores y caer sobre ambos responsabilidades a edad muy temprano fueron siempre mas juiciosos que los demás que eran más impulsivos. Es en extremo interesante, el conocimiento de la correspondencia que mantuvieron Basilicio y Aparicio en el Paso de Pereyra, Rio Negro de por medio. Fue Aparicio quien inicio la correspondencia, aprovechando la circunstancia de la inactividad del ejército revolucionario debido a las grandes lluvias de mayo. Las cartas intercambiadas fueron seis, tres de cada parte. La primera de las cartas fue llevada por un hombre de la División al mando de Mariano, el cual atravesó el Río Negro en bote, con una bandera de parlamento.-